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APEGO Y VÍNCULO INTERPERSONAL EN ADULTOS

Las personas construimos y mantenemos vínculos emocionales o de apego con otras personas a lo largo de toda nuestra vida. Las principales funciones del apego son la búsqueda de seguridad y protección proporcionadas por las principales figuras cuidadoras, desde las primeras etapas de la infancia y posteriormente, en la etapa adulta, en las relaciones interpersonales con los demás.

Bowlby (1979) en su teoría de los estilos de apego, resalta que las personas que han tenido en sus figuras de cuidado primarias (madre, padre, un familiar etc.) un espacio de protección, seguridad y una base donde apoyarse emocionalmente, forman un tipo de apego seguro, desarrollando unos esquemas mentales basados en la confianza en su entorno, una buena valoración de sí mismos y de los demás, aprendiendo a expresar, compartir y autorregular sus emociones, que trasladarán a la etapa adulta, tendiendo a confiar en las demás personas como fuente de apoyo cuando se encuentren en situaciones de estrés.

Por el contrario, las personas que en la infancia tuvieron figuras de cuidado ausentes o con respuestas inconsistentes, desarrollan un apego inseguro, caracterizado por esquemas mentales negativos sobre ellas mismas y de desconfianza hacia los demás, manifestando elevados niveles de ansiedad y/o evitación en el establecimiento de las relaciones interpersonales lo que les crea malestar y estrés en sus relaciones con los demás, pudiendo provocar una reducción en su satisfacción con la vida.

El apego seguro es un factor determinante de la salud psicológica y concretamente del bienestar emocional. Las personas que tienen una mayor capacidad para manejar sus emociones y los comportamientos que de ellas se derivan, tienen mayor tendencia a percibir sus condiciones vitales como más satisfactorias, y vivir un mayor número de emociones positivas y experiencias agradables que desagradables.